martes, 5 de abril de 2011

El día que el Grunge murió


Siempre la música ha traído a mi vida momentos especiales, la mayoría de los más alegres o reflexivos. Sin embargo, también un día de abril trajo una pena que siempre ha estado rondando ahí.

El 8 de abril encontraron a Kurt Cobain muerto en su casa de Seattle. Tengo la impresión que era viernes -aunque no estoy segura- y en algún momento de la tarde, mi partner de ese tiempo me llama para decirme "Kurt se mató". Minutos después, Iván Valenzuela confirmaba la noticia en su programa de la Rock and Pop. Las dos escuchamos eso en silencio, él empezó diciendo "Esta es la noticia más triste que me ha tocado dar desde que Luca Prodán...".

Es difícil expresar a veces la pena que se puede sentir si se muere un ídolo. Para nosotras, que teníamos 20 años y la cabeza llena de pajaritos rockeros e ilusiones varias respecto a la vida, fue triste. Juntas conocimos Nirvana desde el Nevermind y seguimos la carrera del grupo. Pensábamos que alguna vez podrían venir a Chile, si éramos demasiado afortunadas. Cada vez que viajaba a mi casa en el Sur, pensaba que sabía como se sentía Kurt en una ciudad similar, con esa lluvia que no para de caer, la humedad de todo, el cielo cambiante, el mar gris.

Y al final, de alguna forma, sentimos que Kurt nos abandonó. Yo al menos así lo sentí. De alguna forma él abandonó su propia vida y su familia, así que claramente los fans no teníamos mucha opción.

Ahora, con el correr de tantos años, siento que realmente ese día el grunge murió. recuerdo que abandoné las camisas de franela, y olvidé combinar las faldas con bototos y sweaters. Y por mucho tiempo no escuché más los discos de Nirvana.

Pienso que cuando Kurt murió todos perdimos. Si estuviera vivo habría hecho grandes cosas. Probablemente Nirvana no habría durado mucho más tiempo. O quizás si, vaya uno a saberlo. Pero de todas formas el mundo habría sido un poco más maravilloso si él aún estuviera aquí. Aún así, todavía esta ese pedazo de él en sus discos, que ahora, tantos años después, vuelve a ser un placer escuchar.

domingo, 6 de marzo de 2011

Un Verano Naranja


A veces -la mayoría de las veces, creo- no es necesario andar buscando un sentido a las cosas que se hacen. Llega el momento, se obedece a los gustos personales y ya. Poco a poco, el tiempo y el paso de los días va armando el puzzle y ahí esta todo, con un principio, un desarrollo y un final, como si la historia hubiera estado escrita desde un comienzo.

Este guión comenzó el 1 de diciembre, justo cuando el calendario anunciaba que sí, pronto comenzaría a hacer calor y los días serían agradablemente largos y que, pese al cansancio acumulado y el trabajo cotidiano, todo sería de un color más alegre.

Y asi fue como, mientras esperaba una micro que no pasaba y sabía que al otro día estaría mal genio por la falta de sueño, sentí que si, que había cosas que valían la pena sólo por el gusto y la porfia de querer hacerlas.

Por eso, finalmente vi a Los Bunkers todas las veces que pude y fue humanamente posible hacerlo (literalmente), en el momento que así me propuse hacerlo. Desde el Amanda, al Liguria, a Paine, Andacollo y Blondie: una mini persecución a la banda rockera favorita del momento, sólo por el placer de revivir ese momento único que es estar en un concierto que te gusta.

Y es que todas las veces lo pase demasiado bien. Mientras, conocí gente, lugares, viví momentos divertidos e inolvidables, olvide pensar en cosas y personas que no venían al caso, sublimé los momentos pencas del día a día, disfrute el verano a concho, más que si hubiese estado 15 días en una playa bronceándome. De paso, me inspiré, inundé mis días con más música aún, imagine mundos nuevos y me puse a escribir. Si tuviera que encontrarle un sentido, sólo por esto último habría valido totalmente la pena.